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Entradas

La Gallina Degollada

Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.
El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban, se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otras veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día …
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Biografía del Gral José María Bustillo

Nació en Buenos Aires el 18 de Octubre de 1816, é ingresó al ejército en el año 1840.El 3 de Abril del año 1840 emigró al Estado Oriental, junto con el Señor General Don José Mª Paz y algunos otros. Llegado a la Banda Oriental se dirigió a Montevideo dejando al General Paz en la Colonia, y sé presentó inmediatamente a la comisión argentina para formar parte de una expedición, que en esos momentos se organizaba con destino al ejército libertador que, a las órdenes del General Lavalle se encontraba a sazón en la Provincia de Entre Ríos.En los primeros días del mes de Mayo de 1840, salió la expedición en tres buques a cargo de Don José Lavalle, hermano del General, y llegaron a Punta Gorda el 8 de Junio del mismo año. Después de la batalla del «Sauce Grande» el 16 de julio de 1840, y cuando el General Lavalle pasó el Paraná, resolvió seguir al General Paz que en esos momentos se encontraba también en el Diamante «P. Gorda» y se dirigía a Corrientes a formar un nuevo ejército.Admitido a s…

El Gran Tamerlán de Persia

Por las noches se disfrazaba de mercader y recorría los barrios bajos de la ciudad para oír la voz del pueblo. Él mismo sacaba a relucir el tema.
—¿Y el Gran Tamerlán? —preguntaba—. ¿Qué opináis del Gran Tamerlán?
Invariablemente se levantaba a su alrededor un coro de insultos, de maldiciones, de rabiosas quejas. El mercader sentía que la cólera del pueblo se le contagiaba, hervía de indignación, añadía sus propios denuestos.
A la mañana siguiente, en su palacio, mientras trataba de resolver los arduos problemas de las guerras, las coaliciones, las intrigas de sus enemigos y el déficit del presupuesto, el Gran Tamerlán se enfurecía contra el pueblo.
«¿Sabe toda esa chusma —pensaba— lo que es manejar las riendas de un imperio? ¿Cree que no tengo otra cosa que hacer sino ocuparme de sus minúsculos intereses, de sus chismes de comadres?».
Pero a la noche siguiente el mercader volvía a oír las pequeñas historias de atropellos, sobornos, prevaricatos, abusos de la soldadesca e injusticias de lo…

La Intrusa

Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido. La segunda versión, algo más prolija, confirmaba en suma la de Santiago, con las pequeñas variaciones y divergencias que son del caso. La escribo ahora porque en ella se cifra, si no me engaño, un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos. Lo haré con probidad, pero ya preveo que cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor.

En Turdera los llamaban los Nilsen. El párroco me dijo que su predecesor recordaba, no sin sorpresa, haber visto en la casa de esa gente una gastada Biblia de tapas neg…

Gardel y el Gimnasio

Gardel, que es propenso a la obesidad, siente desde hace tiempo viva preocupación sabiendo que el aspecto estético del físico gravita en buena medida su profesión de artista.
Aspirando a bajar de peso asiste al local de la Y.M.C.A. (Asociación Cristiana de Jóvenes) de la calle Paseo Colón 161, y allí efectúa innumerables sesiones de gimnasia.
Adolfo R. Avilés, que por entonces se desempeña en el lugar como pianista en las clases de ejercicios con acompañamiento rítmico recordaba en la revista Cantando N.º 168 del 21/6/60, el paso de Gardel por la Y.M.C.A.
"...Fue el único que se sometió en parte a la rigurosa disciplina de las clases de gimnasia sueca. Concurría asiduamente por lo general en horas de mediodía, y en algunas veces practicaba sólo calistenia, particularmente con poleas.

Usaba una gruesa tricota blanca con cuello alto, que absorbía su generoso esfuerzo, traducido en copiosa transpiración.
Después del baño solía someterse a un férreo masaje. Enrique Pascual, kinesiól…

Tte Manuel Prudant y el Sorteo de Matucana

Manuel Prudant y Lajarrota nació en Buenos Aires el año 1800. Era tío del Gral José María Bustillo Prudant del que hablo en otra nota.

Fue fusilado en el Sorteo de Matucana (Perú) junto a Domingo Millán (tucumano).

Los realistas los habían tomado prisioneros en Vilcapugio y Ayohuma estando a las órdenes de Belgrano.

Otros dos presos se escaparon y como represalia los españoles dijeron que iban a matar dos presos al azar. Acá se dividen los relatos en si fueron sorteados y se ofrecieron a morir.
Lo que coinciden es que Millán no dejó de vociferar contra los realistas y en antes del fusilamiento dijo:

- ¡Compañeros, la venganza les encargo!
Y abriendo con furia su casaca, exclamó:
- ¡Al pecho! ¡Al pecho! ¡Viva la Patria!

Poco después la venganza se cumplió y no quedó un destacamento realista en toda América del Sur.

Cuando le llegó el turno a Prudant gritó:

- ¡Viva Buenos Aires!

Tenía 24 años. Buenos Aires homenajea a su joven héroe con la calle Tte Manuel Silvestre Prudan en el barrio…

Pedro Salvadores - Cuento Completo

Quiero dejar escrito, acaso por primera vez, uno de los hechos más raros y más tristes de nuestra historia. Intervenir lo menos posible en su narración, prescindir de adiciones pintorescas y de conjeturas aventuradas es, me parece, la mejor manera de hacerlo. Un hombre, una mujer y la vasta sombra de un dictador son los tres personajes. El hombre se llamó Pedro Salvadores; mi abuelo Acevedo lo vio, días o semanas después de la batalla de Caseros. Pedro Salvadores, tal vez, no difería del común de la gente, pero su destino y los años lo hicieron único. Sería un señor como tantos otros de su época. Poseería (nos cabe suponer) un establecimiento de campo y era unitario. El apellido de su mujer era Planes; los dos vivían en la calle Suipacha, no lejos de la esquina del Temple. La casa en que los hechos ocurrieron sería igual a las otras: la puerta de calle, el zaguán, la puerta cancel, las habitaciones, la hondura de los patios. Una noche, hacia 1842, oyeron el creciente y sordo rumor de…